28 mars 2010

EUGENE ONEGIN EN BERLIN: ROLANDO VILLAZÓN TRASPASA LA MÁSCARA


El viernes 26, sólo cuatro dias después del Elisir de Viena, estaba con Maria Teresa Y Danièle en Berlín, para asistir a la rentrée "de verdad" de Rolando, sin expectación mediática, sin aplausos cuando aparece en el escenario, sin público rendido de antemano a sus pies: su rol de Lensky en Eugene Onegin. La Staatsoper Under den Linden estaba llena a rebosar, el público era en su mayoría alemán, pero tambien se veia gente de diferentes nacionalidades. Mucho vestido de gala, mucha joya, mucha laca, yo diría que más que en la Staatsoper de Viena y, desde luego, mucho más que en la ROH, el Liceu o La Bastille.


Habíamos comprado la entrada a finales de 2009, cuando este era la primera representación en la que estaba anunciado que cantara Rolando. Desde luego, fue un acierto poner antes el Elisir de Viena, pero, en ese momento, no lo sabíamos. A mi personalmente las fotos de la puesta en escena de Achim Freyer no me entusiasmaba en absoluto, la estética clown-mimo nunca me ha gustado y mis expectativas al respecto eran mas bien bajas, aunque no iba con ninguna actitud negativa.

Pero... me encanta lo inesperado, lo que te hace cambiar los esquemas y realmente puedo decir que quede muy, pero que muy impresionada y totalmente conmovida por la fuerza, la expresividad y la inteligencia de la puesta en escena. Es cierto que, si no conoces el argumento de la ópera, sales de allí con la misma ignorancia ... pero no importándote en absoluto. La belleza de la música de Tchaikovsky es extraordinaria, y Freyer la potencia con elementos muy diversos, que no siempre son fáciles de captar en una primera visión de la obra. Juega con el movimiento, la repetición, la asimetria, el color, la luz, los símbolos. Multitud de estímulos te asaltan, y lo que a primera vista parece algo estático, se convierte en un torbellino de referencias, el escenario se engrandece y mires donde mires algo se mueve y te atrapa. No se trata de entenderlo, sino de dejarte llevar, de sumergirte en la música, el color y el movimiento. Si no cantaran, podría ser un espectáculo de danza contemporánea, tiene tal densidad que el argumento estricto no sólo no es necesario, sino que es superfluo. Pero, con el canto, es un espectáculo total.

Dicho esto, me gustaria ver esta ópera varias veces más (con una no tendria bastante) para tratar, sino de comprender, si de captar más elementos de toda la simbología densa que encierra. Que yo sepa, no existe ninguna grabación, es una auténtica pena. ¿Tal vez cabría la posibilidad de que se grabara la última función del 5 de junio? Esa fecha es la del cierre de la Staatsoper por reformas durante muchos meses, e igual se le da un relieve especial y puede quedar constancia en video de esta puesta tan impresionante.

Ahhhh, pero ¿ y Rolando?... ya os pensábais que en este post sólo hablaría de Achim Freyer...pues lo podría haber hecho...me he dejado mucho en el tintero, pero igual no me lo ibáis a perdonar. Lo primero que debo decir es que este rol de Lensky es la exacta antítesis de Nemorino. Aquí nuestro tenor no tiene absolutamente ninguna licencia, ninguno de sus habituales recursos para ganarse a la audiencia: ni una carita de complicidad a su público, ni un juego malabar, ni un saltito que no esté programado, ni un movimiento de cejas seductor. Todos los actores, y Rolando entre ellos, evidentemente, tienen sus movimientos/desplazamientos/expresiones/muecas totalmente milimetrados, y no hay espacio a "rolandada" alguna...aunque él no pude dejar de ser quien y como es...afortunadamente.




Todos los actores llevan una gruesa capa de maquillaje de mimo que hace parecer que lleven máscaras, sus movimientos son robóticos, se busca este contraste entre la emotividad de la música y la frialdad de su expresión corporal. Pero hay alguien en el escenario que, haciendo todos los movimientos según lo dirigido, traspasa la máscara y atrae toda la luz, toda la vida que hay en el escenario. Rolando traspasa su gruesa capa de maquillaje, su traje idéntico a los demás, su coreografía cíclica y espasmódica. Se mueve con una gracia y una belleza plástica realmente extraordinarias. Quedé muy sorprendida de su actuación (luego hablaré de su canto). Sabía de sus muchas y variadas capacidades, pero realmente ignoraba esa expresividad tan refinada e hipnótica. Yo, al menos, no podía apartar la vista de sus movimientos.

Pero hablemos de la música: dirigía Daniel Barenboim, y realmente la orquesta hizo honor a la fama propia y de su maestro. Sonaba magnífica, exultante y era acompañada de unas voces bellísimas, todas de un nivel altísimo, sin ser nombres demasiado conocidos, menos un par de ellos. El trabajo actoral de los cantantes, en este Onegin, es físicamente extuante, para unos más que para otros, y para Rolando, de los que más, con diferencia. Destacaron Anna Samuil, como Tatjana, Rene Pape, como Fürst Gremin y, toda una sorpresa, el para mi desconocido Artur Rucinski como Eugene Onegin.

¿Y Lensky?...pues lo canto un tal Villazón, que acaba de incorporarse depués de una operación ...y que...hizo el Lensky más vibrante, conmovedor, dulce, expresivo y bello que he oído en mi vida (incluso de los suyos propios). Sólo cantar Ya lyublyu vas, la primera aria (airoso, mejor dicho), el público ya lo aplaudió enfervorizado, pero Barenboim cortó los aplausos reemprendiendo enseguida la música. Supongo que quería evitar los seis minutos de aplausos en la primera aparición de Rolando en el Elisir de Viena, o algo similar.

Ya lyublyu vas

El Kuda, kuda también estuvo a tan alto nivel, la voz de Rolando más bella que nunca, modulando, apianando sin perder la tensión emotiva que tiene el aria. Su voz ha ganado en extensión, los graves son más graves y los agudos más luminosos, su canto brilla más y mejor. Pero el sello distintivo de Rolando es esa capacidad para cantar con una ternura extraordinaria que te llega directamente al corazón. Rolando es GRANDE, GRANDE, GRANDE, sólo un artista extraordinario puede cantar de esta manera.

Kuda, kuda



Al final de la obra, el público estalló en aplausos y bravos, largo rato. A Rolando se le veía contento, satisfecho, después de la dureza física de su trabajo escénico. Cuando después pudimos hablar con él, se arremangó el pantalón y nos mostró la ampolla que tenía en la rodilla izquierda, fruto de sus contínuas genuflexiones en escena. Al salir de los camerinos, le esperaba una multitud de seguidores que le rodearon en pocos segundos.



Un éxito total, también en Berlín. Ahora le queda la función del 31 de marzo y la del de de abril, y su último Lensky será el 5 de junio, con las entradas agotadas desde ya hace meses, por ser la última antes del cierre por reformas de la Staatsoper de Berlin (que falta le hacen). Como he dicho antes, espero que antes del cierre aún estemos a tiempo de poder disfrutar de una grabación en video de este extraordinario Eugene Onegin.



27 mars 2010

EUGENE ONEGIN EN BERLIN: ¡OTRO GRAN TRIUNFO DE ROLANDO!

Rolando dedicando una gran sonrisa a la cámara Villazonista (26-03-10)


Acabamos de llegar (Daniele, Maria Teresa y yo), de la Staatsoper Unter den Linden al apartamento de Charlottenstrasse, hemos abierto una botella de cava rosado y acabamos de brindar a la salud de Rolando, of course.

El Eugene Onegin de esta noche ha sido una auténtica sorpresa, lo cierto es que habíamos comprado la entrada cuando era la primera actuación anunciada de Rolando (antes del anuncio del Elisir de Viena), pero no esperábamos demasiado de esta producción de Freyer. Durante el fin de semana haré el post definitivo, pero os adelanto que ha sido fabuloso y que Rolando ha cosechado un tremendo éxito entre el habitualmente frio público alemán. Su voz ha sonado más ligera que en el Elisir, más bella aún, más luminosa. Un Lensky extraordinario, un Eugene Onegin magnífico. 

25 mars 2010

ROLANDO, QUANTO E BELLO, QUANTO E CARO !



Finalmente consigo encontrar un poco de tiempo, no mucho (de aquí pocas horas salgo hacía Berlin) para escribir algo sobre el Elisir de la noche del 22. He preferido priorizar fotos y el enlace con el video de Youtube, porque eso es lo importante, lo que podéis ver y oir. No haria falta mucha explicación mia, porque en eso, en lo que se ve y se oye de Rolando está la esencia de la noche. Yo os puedo contar algun detalle complementario, pero sin demasiado interés, la verdad.

Yo no había estado nunca en Viena y, de hecho, aún no he estado nunca. Sólo los diez minutos de paseo del City Airport Train al Hotel, y los cinco minutos desde éste a la Staatsoper. Llegar, ir a la habitación, descansar una hora, una ducha, arreglarse (un poco sólo) y hacia la Ópera.

Me acompañaban la francesa Daniele y la húngara Elèonore, que, por la mañana, si que habian tenido algo de tiempo para pasear un poco e incluso para conseguir una entrada en el mercado negro, abundante y visible en Viena. No acabo de entender que en paises civilizados esto esté tan institucionalizado y, menos aún, lo que no es negro, sino muy blanco: empresas que comprar las mejores entradas (primeras filas, por ejemplo) a la ópera, y luego las revenden a un precio bastante superior, todo dentro de la más estricta legalidad. Antes podía tener un cierto sentido, porque no había manera de adquirir la entradas que no fuera la presencial, y prestaban ese servicio a los foráneos, pero ahora, con la venta telefónica y por Internet, eso deberia ser un privilegio (un timo) a abolir.

Pero volvamos a la Staatsoper a las 6:30 de la tarde: en el ambiente flotaba ya el presagio de la noche mágica que íbamos a vivir. Se veia la expectación y la ilusión en todos los rostros, menos en los de aquellos que con un cartelito de "se busca entrada" se habia negado a pagar los abusivos precios del mercado negro y esperaban en las taquillas oficiales por si alguien devolvía o vendía alguna entrada sobrante.



Entramos dentro y llegaron entonces Sandro, Nadia y Margherita, que nos enseñaron la pancarta que habian preparado, puesto que el palco en el que estaban era un sitio estupendo para sacarla al final. Nos fotografiamos en el pasillo con ella, hicimos la entrega de chapas para lucir en la solapa, cada uno se fue a su localidad, y empezó la función.

Fue inevitable que en el momento en el que apareció por primera vez Rolando, a los tres minutos, cuando empieza a cantar el coro, la sala entera estallara en un atronador aplauso, que se prolongó varios minutos. ¡Rolando, en el escenario, al fin!

Y enseguida, el Quanto e bella, quanto e cara. Rolando en el escenario, y su voz otra vez, su voz, pero no exactamente la misma, sino otra más oscura, más madura, más bella, si cabe....


Aplausos al final, como luego sucedio con muchos otros fragmentos. El público totalmente rendido, totalmente en silencio, pendientes de cada movimiento de Rolando, absorbiendo su voz con sed, con hambre, con necesidad de oir esa voz otra vez. Todos magnéticamente atrapados por Rolando.

Y Rolando cantando y actuando, mucho, como siempre, pero aún añadiendo matices, pequeños gestos, casi imperceptibles, pero que no se escapaban a nadie. Rolando tambien tenia esa gran sed, esa gran hambre, de darlo todo en el escenario, y se notaba su total entrega, su voluntad de regalarnos mucho de él, todo, en realidad.

Los malabarismos ya conocidos con las pelotitas tuvieron esta vez una segunda parte, con tres bolos de colores, que Rolando manejó a la perfección, provocando la hilaridad del público.


Y en el segundo acto llegó el momento cumbre, la Furtiva. Rolando puso toda la carne en el asador (o todas la verduras en la parrilla, para los vegetarianos) y nos cantó una Furtiva en estado de gracia, totalmente entregado, con toda la belleza y el lirismo de su voz,  que llevó al público al éxtasis.



Aplausos atronadores, bravos, pataleos en el suelo de madera. Muchos minutos, siete, sin perder intensidad. Holender (director de la Staatsoper) negó el bis, y donde manda patrón no manda Nemorino. El repertorio de gestos y expresiones faciales de Rolando, sentado en un banco escuchado al público, fue memorable. A mi me parecio como si se sumergiera en el mar, como si se dejara empapar totalmente por el estruendo de su público, como una esponja.

¿Y el Elisir? Pues muy bien, creo. Ekaterina Siurina estuvo perfecta, graciosa, muy buena compañera para ese momento en que todo el mundo sabía que era lo que contaba en esa función. Ella no se amedrentó por eso, y puso todo su esfuerzo en el papel, y lo hizo muy convincentemente. Muy grata sorpresa también Dulcamara, el barítono italiano Ambrogio Maestri. Un poco por debajo, el Belcore de Tae Joong Yang, seguro, pero poco expresivo y Anita Hartig en una insuficiente Gianetta. Daniele Callegari dirigió con soltura, lúdico y sólido.


Al final, se desataron otra vez aplausos, vítores, bravos, mucho, mucho rato, veinticinco minutos, ininterrumpidamente. Rolando, evidentemente feliz, saludaba una y otra vez, se arrodillaba, besaba el suelo, se levantaba de un salto, entraba gritando detrás el telón, volvía a salir saltando, enviaba besos, se ponía las manos en el corazón y las abría a su público...Una gran noche, la del retorno de Rolando. Nadie que estuvo allí lo olvidará, eso era mucho más que Ópera, era el reencuento con alguien muy, muy querido, muy añorado, muy necesario, que vuelve, despues de una larga ausencia, para quedarse. 

EPÍLOGO

Rolando debía marchar al día siguiente muy pronto de Viena, para asistir a un ensayo del Eugene Onegin en Berlin. No pudo quedarse para atender a la multitud de seguidores que le aguardaban en la salida de artistas. Tuve la fortuna de poder hablar con él, y me transmitió dos cosas: por un lado sus disculpas por no poder atender a estas personas, diciendo que lo lamentaba mucho, pero que le era totalmente imposible. Y también su agradecimiento a todos vosotros, a todos los que le habéis apoyado, con mensajes, con cartas, a traves de Internet, su agradecimiento a todos sus fans y a los Villazonistas. Remarcó la importancia de este soporte para sobrellevar esos meses y lo que le ha ayudado en su recuperación. 

Y me habló de lo que le gustó nuestro video de "imágenes para Rolando" y, aunque yo le dije que eso no podía decirlo aquí, él me insistió en que lo dijera: lee a menudo el blog.

Yo volví hacia el hotel y en el vestíbulo me encontre a las amigas alemanas, tomándose un tequila (o varios) a la salud de nuestro mexicano preferido. Estuve un buen rato charlando con ellas, son realmente encantadoras, cálidas y de un villazonismo-villazoniker a prueba de bombas. 

No suelo hablar de mi misma en los post, alguna vez tangencialmente, porque yo no soy la protagonista del blog. Pero me apetece contarlo esta vez: yo estuve muy serena, antes, durante y despues de todos estos hechos. Debía estar pendiente de tantas cosas, de tanta gente, de tantas situaciones nuevas, que el mismo esfuerzo en que todo saliera lo mejor posible me preservó de cualquier estado de nervios o intranquilidad. Todo salió  a la perfección, pero en el momento en que, ya muy entrada la noche, me puse delante del ordenador para redactar el primer post de urgencia, fue como si os viera a todos los que lo esperábais a través de la pantalla, como si la fuerza de vuestra emocionada espera me llegara de golpe, me tocara y, entonces si, deje ir unas cuantas nada furtivas lágrimas.

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24 mars 2010

VIDEO EN PRIMICIA: UNA FURTIVA LAGRIMA, CANTA ROLANDO VILLAZÓN EN VIENA




El Blog Villazonista es el primero en enlazar con un video de Youtube  donde Rolando Villazón canta la Una furtiva lagrima en el Elisir de Viena. Juzgad por vosotros mismos. Los que estuvieron allí le dedicaron siete minutos de aplausos y, aún así, no fue bisado porque Ioan Holander, el director de la Staatsoper de Viena, lo negó reiteradamente desde su palco, con un taxativo gesto con la mano. Nunca he visto una aria con tanto aplausos, bravos y pataleo en la madera que no tuviera su bis. Pero lo cierto, y lo importante, es que Rolando estuvo perfecto, cantó una Furtiva fabulosa, y con eso nos quedamos.


 video de provarolando
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FOTOS SEGUNDO ACTO Y FINAL ELISIR D'AMORE VIENA 220310


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